Erik acepta un trabajo de rutina. Fotos de fachadas. Nada del otro mundo. Hasta que el objetivo de su cámara encuentra algo que no debería estar ahí. Un instante. Un flash. Y todo se rompe.
Fotografiar la ciudad: lo que esconde una fachada
Fotografiar fachadas parece el encargo más aburrido del mundo. Inmobiliarias que necesitan el edificio entero en una sola imagen, comunidades de vecinos que documentan una rehabilitación, catálogos de arquitectura, administraciones que quieren el antes y el después de una calle. Trabajo de rutina. Trípode, nivel, disparo y a la siguiente.
Pero cualquiera que haya salido a la calle con una cámara sabe que una fachada nunca es solo una fachada. Es la cara que un edificio enseña al mundo, y como todas las caras, cuenta más de lo que pretende.
La luz manda
En fotografía de arquitectura la luz lo decide casi todo. El sol de mediodía aplasta los volúmenes y convierte cualquier piedra en un decorado de cartón. La luz lateral de primera hora o de última hora de la tarde, en cambio, saca la textura del ladrillo, las grietas del revoco y las sombras de cada balcón. Por eso los fotógrafos urbanos madrugan, esperan y vuelven al mismo sitio una y otra vez hasta que la luz cuenta lo que ellos quieren contar.
Las líneas que se caen
El otro gran enemigo son las verticales. Al inclinar la cámara hacia arriba, los edificios parecen caerse hacia atrás. Se corrige alejándose, subiendo el punto de vista, con objetivos descentrables o después, en la edición. Un detalle técnico que separa una foto de agencia inmobiliaria de una imagen que transmite orden… o inquietud, si se rompe a propósito.
Mirar donde nadie mira
La fotografía urbana de verdad empieza cuando dejas de fotografiar el edificio y empiezas a fotografiar lo que ha dejado la gente: una persiana a medio bajar, un buzón reventado, una ventana con la luz encendida a deshoras, una pintada que nadie ha borrado. La ciudad está llena de rastros. Solo hace falta pararse a mirarlos el tiempo suficiente.
Cuando lo cotidiano se vuelve inquietante
El terror urbano funciona precisamente por eso: porque ocurre en sitios por los que pasamos cada día sin mirar. Un portal, un callejón, una ventana del tercer piso. Lo familiar se vuelve extraño en cuanto algo no encaja, y un fotógrafo, que se pasa la vida buscando detalles, es la persona perfecta para encontrar justo el detalle que no debería estar ahí.
De eso va el arranque de Photo Xperience. Erik, un fotógrafo con una forma de mirar que nadie entiende, acepta un encargo de lo más corriente: fotos de fachadas. Lo que encuentra a través del objetivo es otra historia. Y es la que empieza aquí.
Photo Xperience es una serie de animación para adultos de Cryogenic Studios: un cóctel de terror, humor negro y sátira social con banda sonora de heavy metal. Una historia de Abel Portillo, hecha en Igualada.
Erik era un fotógrafo incomprendido. Allí donde presentaba su portfolio, lo rechazaban: nadie entendía su manera de mirar. Él no buscaba una pose. Buscaba la esencia, el alma, aquello que los demás no ven. Un día, tras un incidente, despierta en el infierno, medio muerto, sin recordar nada de su pasado y junto a lo que queda de su cámara hecha trizas. Sobrevivir ahí abajo será lo fácil. Lo difícil será recordar quién era.