
Historia va de elegir quién quieres ser durante tres horas.
Piénsalo así. Llevas años siendo prudente en el trabajo, razonable en casa y educado con gente que no lo merece. Aquí no. Aquí te inventas un personaje, cruzas una puerta y durante tres horas eres alguien que no le debe nada a nadie.
Puedes gritar. Puedes ser cruel, o cobarde, o soberbio, o exactamente lo que llevas tiempo mordiéndote. Puedes ponerte perdido y que te dé igual.
Un ejemplo real de cómo se monta: llevas dos años trabajando de teleoperador tragando con un jefe al que le partirías la cara. Eso fuera no lo vas a hacer nunca.
Aquí vienes convertido en el psicópata del telefonillo, con un teléfono por arma, y lo descargas entero contra un maniquí. Simulado, claro. Y funciona,
aunque suene absurdo, porque el cuerpo no distingue tanto como creemos entre lo que hace de verdad y lo que hace en serio aunque sea mentira.
Y hay algo que a la gente le pilla desprevenida: que sale solo. Nadie viene sabiendo actuar. Pero con el maquillaje puesto, el atrezzo en la mano y alguien
dirigiéndote, a los veinte minutos estás haciendo cosas que jamás te habrías imaginado haciendo, y encima te lo estás pasando bien.
Porque de eso va, en el fondo. Rolear es jugar. Y hace muchísimo que no juegas de verdad: sin mirar el móvil, sin que te importe mancharte, sin quedar bien delante de nadie. Sales de aquí como salías del recreo de pequeño, sudado y perdido, y de un humor rarísimo entre eufórico y vacío.
Eso es lo que compras. Tres horas de las que te vas a acordar dentro de diez años, y veinte imágenes que demuestran que aquello pasó de verdad. Con el móvil puedes hacerte fotos. Esto no.
Erik será lo más amable posible contigo, con indicaciones a la hora de capturar tu alma y no habrá contacto físico.
Tu personaje está dispuesto a mancharse de fluido sanguíneo y puede sufrir alteraciones en el maquillaje, Erik se encargará.
Prepárate para ensuciarte, escuchar palabras malsonantes, ser sometido a base de humillaciones y maltratado físicamente.
Tu lo has querido. PhotoXperience no se hace responsable de lo que pueda pasar.


